Archiv para marzo, 2015

LA PRIVACIDAD EN EL CONTEXTO DE LAS CIUDADES INTELIGENTES

El fenómeno de las ciudades inteligentes, internacionalmente conocidas como “smart cities”, avanza imparable en todo el mundo, al hilo del desarrollo tecnológico, especialmente del lado del análisis masivo de datos “Big Data” y el Internet de las cosas.

Sin embargo hay algunos aspectos como el de la privacidad y otros derechos fundamentales de los ciudadanos que tradicionalmente se vienen dejando atrás, quizá porque se entiende que su rendimiento económico no resulta tan directo, pero que debemos reivindicar como enormemente necesarios ya que un avance que no contemple la privacidad desde el propio diseño de las aplicaciones informáticas puede a la larga hacer inviable su uso. Esto, que supondría la pérdida del tiempo y las inversiones realizadas en los desarrollos informáticos, no puede achacarse a la mera imposición de exigencias legales sin sentido, sino al error de pensar que el avance tecnológico debe prevalecer frente a las libertades de los ciudadanos.

En el ámbito del desarrollo de las “Smart Cities”, como afirma el espléndido artículo “Inteligencia colectiva: emergencia de una mente social” publicado en la revista Economía  Aragonesa (varios autores),  “la ciudad digital se contempla como un nuevo paradigma en el que las tecnologías de la información exigen o permiten una relación diferente y enriquecida de los ciudadanos  con sus gobiernos locales, aumentando sus posibilidades de acceso, información y participación, al tiempo que plantea a las administraciones municipales el reto de ser más eficaces en la prestación de servicios que puedan ser ofrecidos por vía telemática, así como respetar los derechos asociados referentes a la privacidad, intimidad, integridad de las comunicaciones o transparencia.”

Inteligencia colectiva desde nuestra dimensión digital

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; Y por tanto  nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.
No man is an Iland, intire of itselfe; every man is a peece of the Continent, a part of the maine; if a Clod bee washed away by the Sea, Europe is the lesse, as well as if a Promontorie were, as well as if a Manor of thy friends or of thine owne were; any mans death diminishes me, because I am involved in Mankinde; And therefore never send to know for whom the bell tolls; It tolls for thee.
 John Donne,  1624

Nuestra dimensión digital es el mínimo común denominador que tenemos los seres humanos y que forma parte de nuestra dimensión social.

El desarrollo de la tecnología no ha descubierto nada nuevo a este respecto, pero ha permitido que esta parte de nuestra propia naturaleza pueda ponerse de manifiesto.

Las palabras de John Donne en 1624 son una buena muestra de ello, vemos que nuestro sentimiento de pertenencia colectiva al género humano, más allá de nuestros pequeños egoísmos y nuestras grandes limitaciones.

El conocimiento es una de las mejores cosas que la naturaleza nos ha regalado y que se hace más grande cuanto más se comparte, al igual que los buenos sentimientos.

Sin embargo el conocimiento no es colectivo,  sino que se hace colectivo cuando se suma individualmente desde cada uno de nosotros,  creando inteligencia agregada capaz de disfrutarse de forma colectiva.

Por eso no debemos hablar de una inteligencia colectiva que uniforme a nuestra sociedad,  sino de una inteligencia que provenga de cada una de las creencias o decisiones individuales y que unida sabiamente a las de los demás nos haga mejores a cada uno de nosotros y por tanto a todos los demás.