Democracia en red

INTELIGENCIA ARTIFICIAL vs. INTELIGENCIA COLECTIVA

La progresiva implantación de sistemas de toma decisiones basados en inteligencia artificial puede alterar de forma significativa el funcionamiento de los sistemas sociales en los que se adopte.

Más allá de las consecuencias económicas que el hecho indudablemente supone, hay que tener en cuenta que en los sistemas sociales de nuestro entorno, el ejercicio del poder, entendido como el  mecanismo que condiciona los comportamientos sociales, se logra a través de la regulación. Esta regulación no presenta un carácter monolítico sino que en realidad es la conjunción de cuatro factores que constitucionalistas como LESSIG identifican como las normas jurídicas, las normas sociales, el mercado y la arquitectura, entendida esta última, como aquellos elementos físicos que condicionan las acciones humanas (una cerradura, una contraseña, etc.).

Pues bien, una sociedad dependiente de sistemas de inteligencia artificial supone primar el factor arquitectura, es decir el código software que da funcionamiento a los sistemas de inteligencia artificial, condicionando fuertemente el funcionamiento de los demás factores.

Esto supone que las normas sociales y el mercado se ponen a disposición del código informático, y que una nueva función que las normas jurídicas han de asumir es la protección de esta realidad que tenderá así a perpetuarse.

La privatización de Internet ¿Un nuevo modelo aterritorial de gobierno?

Mientras que privatizar servicios de primera necesidad puede resultar imprudente o al menos sospechoso de serlo, la necesidad de que Internet sea una red abierta, y ajena a las presiones de los gobiernos de turno ha sido algo largamente esperado que tuvo lugar definitivamente el pasado día 1 de octubre.

Desde ese día la organización que gestiona los servicios más críticos de Internet, la ICANN,  ha dejado de ser controlada por el gobierno de los Estados Unidos, como sucedía desde 1998. Éste control fundamentalmente venía de la mano de la administración llevada a cabo por el Departamento de Comercio Telecomunicaciones y Información (NTIA) que gestionaba la asignación de direcciones de Internet pasando a partir de este momento a ser gestionada por el sector privado, mediante un sistema de multistakeholders, es decir colectivos privados implicados en el uso de Internet a nivel mundial.

Como resultado, la coordinación y la gestión de los identificadores únicos de Internet están ahora privatizados y en manos de una comunidad basada en voluntarios.

Llama la atención el proceso de elaboración de la propuesta, el cual refleja que nuevas formas de regulación abiertas son posibles, con independencia de países y de regulaciones estatales o plurinacionales.

Inteligencia colectiva desde nuestra dimensión digital

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; Y por tanto  nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.
No man is an Iland, intire of itselfe; every man is a peece of the Continent, a part of the maine; if a Clod bee washed away by the Sea, Europe is the lesse, as well as if a Promontorie were, as well as if a Manor of thy friends or of thine owne were; any mans death diminishes me, because I am involved in Mankinde; And therefore never send to know for whom the bell tolls; It tolls for thee.
 John Donne,  1624

Nuestra dimensión digital es el mínimo común denominador que tenemos los seres humanos y que forma parte de nuestra dimensión social.

El desarrollo de la tecnología no ha descubierto nada nuevo a este respecto, pero ha permitido que esta parte de nuestra propia naturaleza pueda ponerse de manifiesto.

Las palabras de John Donne en 1624 son una buena muestra de ello, vemos que nuestro sentimiento de pertenencia colectiva al género humano, más allá de nuestros pequeños egoísmos y nuestras grandes limitaciones.

El conocimiento es una de las mejores cosas que la naturaleza nos ha regalado y que se hace más grande cuanto más se comparte, al igual que los buenos sentimientos.

Sin embargo el conocimiento no es colectivo,  sino que se hace colectivo cuando se suma individualmente desde cada uno de nosotros,  creando inteligencia agregada capaz de disfrutarse de forma colectiva.

Por eso no debemos hablar de una inteligencia colectiva que uniforme a nuestra sociedad,  sino de una inteligencia que provenga de cada una de las creencias o decisiones individuales y que unida sabiamente a las de los demás nos haga mejores a cada uno de nosotros y por tanto a todos los demás.

INTELIGENCIA COLECTIVA: LA CARA AMABLE DEL “BIG DATA”

800 años después de que el Rey John  estableciera su Carta Magna para Irlanda, se ha elaborado en este país una propuesta para crear una “Carta Magna de los datos” para proteger la privacidad individual y apoyar un tratamiento ético de los datos en toda la Unión Europea que será entregada en el marco de un gran encuentro de funcionarios de la Comisión Europea, diputados, representantes de la industria y las corporaciones multinacionales de sectores, incluyendo las TIC, los servicios financieros, la salud y la aviación.

El documento está diseñado para contribuir a la discusión política alrededor de la ética de datos, la propiedad y su uso en Europa. La UE se encuentra actualmente implicada en el desarrollo de su política de protección de datos.

Según esta información aparecida en Insight Centro para el análisis de datos el Ministro Irlandés de Asuntos Europeos y de Protección de Datos, Dara Murphy, TD ha llamado a la privacidad individual y al empoderamiento ciudadano a ser  el centro de la investigación en el análisis de datos.

Irlanda está emergiendo como un líder global en Big Data desde el establecimiento de Insight Centro para Data Analytics, que reúne a 350 investigadores de datos en el mayor centro de investigación  financiado hasta la fecha.

El análisis masivo de datos, más conocido como Big Data, suele presentarse ante la ciudadanía como un tipo de tecnología enormemente intrusiva que acapara tal cantidad de datos que hace que algunas empresas puedan saber más de nosotros que nosotros mismos.

Todo eso es cierto. Pero también lo es que analizar ingentes cantidades de datos permite predecir, desde catástrofes naturales a conocer las reacciones moleculares que permiten generar nuevos medicamentos, que podrían llegar a salvar millones de vidas. De esto lo único que podemos deducir es que el problema no es del “Big Data” sino de lo que quienes,  carentes de cualquier escrúpulo, puedan llegar a hacer con él.

CIUDADANÍA DIGITAL Y SOCIEDAD ANALÓGICA

Ayer día 7  tuvimos la oportunidad de plantear una nueva visión de la sociedad actual en el II Certamen Internacional Millenium celebrado en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de Zaragoza. La verdad, resultaba un poco perturbador exponerla teniendo delante a decenas de estudiantes interesados (eso en sí mismo ya da miedo) y además a juristas del mayor nivel, así que simplemente agradecer la cálida acogida recibida a nuestra ponencia “Netstates: las redes sociales ¿nuevas formas de Estado?” parece demasiado poco.

En dicha ponencia pudimos poner de manifiesto como el territorio ha ido perdiendo relevancia para definir  la soberanía de los estados dado que las grandes decisiones ya no suelen adoptarse dentro del territorio en que van a aplicarse,  y mucho menos se cuenta con las personas a las que van dirigidas, por lo que podemos fácilmente llegar a la conclusión de que la relación tradicional entre territorio y estado hoy va quedando como algo obsoleto.

En la actualidad va cobrando  relevancia el ciberespacio como ese lugar en el que se va desarrollando nuestra vida digital y que es tanto o más real que la vida física, y  que hasta ahora creíamos que era la única posible. Sin embargo la falta de regulación de nuestra vida digital tiene también importantes consecuencias prácticas como es el hecho de que, sin criterios legales internacionales solamente el Código de los programadores gobierna Internet. Por tanto la regulación del ciberespacio es una necesidad global, pero no como forma de control, sino como forma de regulación de los efectos legales de los flujos de información que generan las transacciones en la Red

Dentro del ciberespacio cobran importancia las relaciones humanas que se establecen a través de las redes sociales. Estas van evolucionando de forma tal que  la pérdida de audiencia de algunas redes sociales ha supuesto únicamente una migración de usuarios hacía otras redes sociales más avanzadas. (Por ejemplo  My Space).