Redes sociales

INTELIGENCIA ARTIFICIAL vs. INTELIGENCIA COLECTIVA

La progresiva implantación de sistemas de toma decisiones basados en inteligencia artificial puede alterar de forma significativa el funcionamiento de los sistemas sociales en los que se adopte.

Más allá de las consecuencias económicas que el hecho indudablemente supone, hay que tener en cuenta que en los sistemas sociales de nuestro entorno, el ejercicio del poder, entendido como el  mecanismo que condiciona los comportamientos sociales, se logra a través de la regulación. Esta regulación no presenta un carácter monolítico sino que en realidad es la conjunción de cuatro factores que constitucionalistas como LESSIG identifican como las normas jurídicas, las normas sociales, el mercado y la arquitectura, entendida esta última, como aquellos elementos físicos que condicionan las acciones humanas (una cerradura, una contraseña, etc.).

Pues bien, una sociedad dependiente de sistemas de inteligencia artificial supone primar el factor arquitectura, es decir el código software que da funcionamiento a los sistemas de inteligencia artificial, condicionando fuertemente el funcionamiento de los demás factores.

Esto supone que las normas sociales y el mercado se ponen a disposición del código informático, y que una nueva función que las normas jurídicas han de asumir es la protección de esta realidad que tenderá así a perpetuarse.

PROTECCIÓN CONSTITUCIONAL DE LA PRIVACIDAD

En el Día de la Constitución es bueno recordar que la protección como Derecho Fundamental de la privacidad tiene 2 características peculiares:
1. No se reduce sólo a los datos íntimos de la persona, sino a cualquier tipo de dato personal, sea o no íntimo, cuyo acceso o empleo por terceros pueda afectar a nuestros derechos.
2. Permite a la persona controlar de forma activa el uso que se haga de nuestra información.
No hay que conformarse ante un uso abusivo de nuestros datos porque tenemos :
– Derecho a que se nos solicite consentimiento para la recogida y uso de nuestros datos
– Derecho a saber y ser informados sobre el destino y uso de esos datos y
– Derecho a acceder, rectificar y cancelar dichos datos
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BIG DATA Y FUNCIÓN SOCIAL DE LA PRIVACIDAD

En los últimos años estamos viviendo una realidad caracterizada por el uso masivo de redes sociales y en la que una abrumadora mayoría de ciudadanos aporta información personal que afecta a las cuestiones más diversas de su vida.

Toda esa información genera un inmenso volumen de datos que es susceptible de ser analizado y precisamente la mayor capacidad de procesamiento informático disponible nos da la posibilidad, con un software específico,  de aplicar técnicas de análisis social, que unidas a la capacidad de interrelacionar todos estos datos y metadatos, permite generar conocimiento e incluso realizar auténticas predicciones que van mucho más allá de las que ya se usaban para cuestiones como la meteorología y que, acertadamente utilizadas,  pueden servir para erradicar enfermedades o salvar vidas.

Una de las aplicaciones más extendidas es Apache Hadoop  que soporta aplicaciones distribuidas bajo una licencia libre,  y aunque los mayores fabricantes de software (IBM, Oracle, etc.) cuentan con sus propias aplicaciones,  Hadoop está siendo construido y usado por una comunidad global de contribuyentes,  mediante el lenguaje de programación Java,  tal como puede verse en la voz “Hadoop” y que podemos consultar en Wikipedia.

Los mayores volúmenes de información tienen escaso valor si no se puede extraer de ellos  información relevante en tiempo real para tomar decisiones documentadas, o iniciar acciones y modificar resultados. La mayoría de las organizaciones no pueden aprovechar esa información porque la mayor parte de sus datos se componen de formatos no estructurados, como texto o imágenes, haciéndolos inaccesibles para las tecnologías convencionales.

Es por ello que se está generando una auténtica industria alrededor de este fenómeno conocido ya por todos como “Big Data”, el cual por otra parte puede condicionar nuestra  propia libertad si se utilizan indebidamente o en favor de solo unos pocos, o lo que es mucho peor, si queda en manos de solo unos pocos.

Una de las cuestiones que está alcanzando una mayor relevancia es la evolución del concepto de privacidad.

Se trata de un concepto que ha venido variando a lo largo del tiempo. La propia voz “privacidad” no figuraba en nuestro Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española hasta hace no demasiados años, y el avance de las TIC puede configurar un nuevo concepto de privacidad que deriva directamente del concepto de dimensión digital del ser humano que ya hemos definido en ocasiones anteriores.

LA PRIVACIDAD EN EL CONTEXTO DE LAS CIUDADES INTELIGENTES

El fenómeno de las ciudades inteligentes, internacionalmente conocidas como “smart cities”, avanza imparable en todo el mundo, al hilo del desarrollo tecnológico, especialmente del lado del análisis masivo de datos “Big Data” y el Internet de las cosas.

Sin embargo hay algunos aspectos como el de la privacidad y otros derechos fundamentales de los ciudadanos que tradicionalmente se vienen dejando atrás, quizá porque se entiende que su rendimiento económico no resulta tan directo, pero que debemos reivindicar como enormemente necesarios ya que un avance que no contemple la privacidad desde el propio diseño de las aplicaciones informáticas puede a la larga hacer inviable su uso. Esto, que supondría la pérdida del tiempo y las inversiones realizadas en los desarrollos informáticos, no puede achacarse a la mera imposición de exigencias legales sin sentido, sino al error de pensar que el avance tecnológico debe prevalecer frente a las libertades de los ciudadanos.

En el ámbito del desarrollo de las “Smart Cities”, como afirma el espléndido artículo “Inteligencia colectiva: emergencia de una mente social” publicado en la revista Economía  Aragonesa (varios autores),  “la ciudad digital se contempla como un nuevo paradigma en el que las tecnologías de la información exigen o permiten una relación diferente y enriquecida de los ciudadanos  con sus gobiernos locales, aumentando sus posibilidades de acceso, información y participación, al tiempo que plantea a las administraciones municipales el reto de ser más eficaces en la prestación de servicios que puedan ser ofrecidos por vía telemática, así como respetar los derechos asociados referentes a la privacidad, intimidad, integridad de las comunicaciones o transparencia.”

Inteligencia colectiva desde nuestra dimensión digital

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; Y por tanto  nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.
No man is an Iland, intire of itselfe; every man is a peece of the Continent, a part of the maine; if a Clod bee washed away by the Sea, Europe is the lesse, as well as if a Promontorie were, as well as if a Manor of thy friends or of thine owne were; any mans death diminishes me, because I am involved in Mankinde; And therefore never send to know for whom the bell tolls; It tolls for thee.
 John Donne,  1624

Nuestra dimensión digital es el mínimo común denominador que tenemos los seres humanos y que forma parte de nuestra dimensión social.

El desarrollo de la tecnología no ha descubierto nada nuevo a este respecto, pero ha permitido que esta parte de nuestra propia naturaleza pueda ponerse de manifiesto.

Las palabras de John Donne en 1624 son una buena muestra de ello, vemos que nuestro sentimiento de pertenencia colectiva al género humano, más allá de nuestros pequeños egoísmos y nuestras grandes limitaciones.

El conocimiento es una de las mejores cosas que la naturaleza nos ha regalado y que se hace más grande cuanto más se comparte, al igual que los buenos sentimientos.

Sin embargo el conocimiento no es colectivo,  sino que se hace colectivo cuando se suma individualmente desde cada uno de nosotros,  creando inteligencia agregada capaz de disfrutarse de forma colectiva.

Por eso no debemos hablar de una inteligencia colectiva que uniforme a nuestra sociedad,  sino de una inteligencia que provenga de cada una de las creencias o decisiones individuales y que unida sabiamente a las de los demás nos haga mejores a cada uno de nosotros y por tanto a todos los demás.