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Inteligencia colectiva desde nuestra dimensión digital

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; Y por tanto  nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.
No man is an Iland, intire of itselfe; every man is a peece of the Continent, a part of the maine; if a Clod bee washed away by the Sea, Europe is the lesse, as well as if a Promontorie were, as well as if a Manor of thy friends or of thine owne were; any mans death diminishes me, because I am involved in Mankinde; And therefore never send to know for whom the bell tolls; It tolls for thee.
 John Donne,  1624

Nuestra dimensión digital es el mínimo común denominador que tenemos los seres humanos y que forma parte de nuestra dimensión social.

El desarrollo de la tecnología no ha descubierto nada nuevo a este respecto, pero ha permitido que esta parte de nuestra propia naturaleza pueda ponerse de manifiesto.

Las palabras de John Donne en 1624 son una buena muestra de ello, vemos que nuestro sentimiento de pertenencia colectiva al género humano, más allá de nuestros pequeños egoísmos y nuestras grandes limitaciones.

El conocimiento es una de las mejores cosas que la naturaleza nos ha regalado y que se hace más grande cuanto más se comparte, al igual que los buenos sentimientos.

Sin embargo el conocimiento no es colectivo,  sino que se hace colectivo cuando se suma individualmente desde cada uno de nosotros,  creando inteligencia agregada capaz de disfrutarse de forma colectiva.

Por eso no debemos hablar de una inteligencia colectiva que uniforme a nuestra sociedad,  sino de una inteligencia que provenga de cada una de las creencias o decisiones individuales y que unida sabiamente a las de los demás nos haga mejores a cada uno de nosotros y por tanto a todos los demás.

COMPARATIVA DEL NOMBRE CIVIL EN EL ESPACIO FÍSICO Y EN EL ESPACIO DIGITAL

En el derecho tradicional para proceder a identificar a una persona concreta se utiliza un signo estable de individualización que sirve para distinguirla de todas las demás y que es el nombre civil. Existen teorías doctrinales que establecen que el nombre es un derecho de la personalidad inherente e inseparable de la personalidad misma pero veremos que en el ámbito digital estas características no van a coincidir en algunos casos, y alcanzando notables diferencias en otros.

Para no extendernos demasiado hemos preparado la siguiente tabla que resume esas diferencias:

TABLA COMPARATIVA DE LA DENOMINACIÓN CIVIL EN EL ESPACIO FÍSICO Y EN EL ESPACIO DIGITAL 

EL NOMBRE EN EL ESPACIO FÍSICO          EL NOMBRE EN EL ESPACIO       DIGITAL
  • Se basa en la inscripción que consta en un Registro Público y puede ser exhibido frente a todo el mundo
  • Se construye con el flujo de información que vamos generando y con la ejecución de todos los actos de nuestra vida susceptibles de digitalización, incluidas nuestras interrelaciones en la Red.
  • No tiene valoración económica porque no esta en el comercio
  • Tiene valoración económica y aprovechamiento patrimonial
  • Suele expresar una relación familiar
  • No expresa una relación familiar
  • Tiene un aspecto de obligación al ser obligatorio tener un nombre desde el momento del nacimiento.
  • Mas que obligatorio resulta inevitable si queremos desarrollarnos en la sociedad digital.
  • Es inmutable  y solo puede modificarse en supuestos limitados
  • Varía constantemente y tiene un carácter dinámico.
  • Es imprescriptible no se pierde por dejar de usarlo
  • No genera un derecho subjetivo de exclusividad
  • Es legalmente intransmisible
  • Es intransmisible porque todos generamos perfiles diferentes en función de nuestros gustos, preferencias, necesidades, etc.

La denominación digital es un paso previo para poder realizar una correcta tarea de identificación de una persona en el ámbito digital. No hace falta decir que si no realizamos esta tarea correctamente estaremos atribuyendo en el ámbito digital derechos u obligaciones erróneas a una persona.

Las consecuencias de este error de identificación resultan en general más graves que en el mundo físico ya que siempre se van a realizar de forma no presencial y por tanto revisten una mayor dificultad de apreciación y de solución en su caso (si es que se tiene la fortuna de hallar dicha solución).

IDENTIDAD, IDENTIFICACIÓN, Y NOMBRE EN EL ÁMBITO DIGITAL

Según el Diccionario de la RAE, “identidad” es a los efectos que tratamos el  “conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás”, más cercano al concepto de persona o individuo, pero también podemos referirlo a la filiación o señas particulares de cada cual, centrándose más en como denominar a esta identidad,.

Esto a su vez se relaciona -pero es diferente- con la identificación  de esta identidad y finalmente hay que distinguir todo lo anterior de las herramientas que tenemos para realizar esta identificación,  lo que queda fuera del #retoblog de Twitter,  pero que es también una cuestión muy interesante.

Identidad y derechos de la personalidad.

Aqui utilizaremos la identidad como un término sinónimo de “persona” que ha sido definida[1] como sustancia individual de naturaleza racional, dotada de consciencia o voluntad sujeto de derechos u obligaciones.

Una vez que tenemos situado el concepto jurídico tradicional de identidad,  tenemos que distinguir entre identidad e identificación y desde luego no podemos separar la identidad digital de nuestra propia identidad. Hace tiempo que venimos defendiendo, como también afirma José C. Llopis () con otras palabras que,  al menos quienes vivimos en esta sociedad occidental,  tenemos una dimensión digital que deriva de la dimensión social de todo ser humano y por tanto nuestra identidad digital es una parte más de nuestra personalidad lo que genera tanto derechos como deberes.

INTELIGENCIA COLECTIVA: LA CARA AMABLE DEL “BIG DATA”

800 años después de que el Rey John  estableciera su Carta Magna para Irlanda, se ha elaborado en este país una propuesta para crear una “Carta Magna de los datos” para proteger la privacidad individual y apoyar un tratamiento ético de los datos en toda la Unión Europea que será entregada en el marco de un gran encuentro de funcionarios de la Comisión Europea, diputados, representantes de la industria y las corporaciones multinacionales de sectores, incluyendo las TIC, los servicios financieros, la salud y la aviación.

El documento está diseñado para contribuir a la discusión política alrededor de la ética de datos, la propiedad y su uso en Europa. La UE se encuentra actualmente implicada en el desarrollo de su política de protección de datos.

Según esta información aparecida en Insight Centro para el análisis de datos el Ministro Irlandés de Asuntos Europeos y de Protección de Datos, Dara Murphy, TD ha llamado a la privacidad individual y al empoderamiento ciudadano a ser  el centro de la investigación en el análisis de datos.

Irlanda está emergiendo como un líder global en Big Data desde el establecimiento de Insight Centro para Data Analytics, que reúne a 350 investigadores de datos en el mayor centro de investigación  financiado hasta la fecha.

El análisis masivo de datos, más conocido como Big Data, suele presentarse ante la ciudadanía como un tipo de tecnología enormemente intrusiva que acapara tal cantidad de datos que hace que algunas empresas puedan saber más de nosotros que nosotros mismos.

Todo eso es cierto. Pero también lo es que analizar ingentes cantidades de datos permite predecir, desde catástrofes naturales a conocer las reacciones moleculares que permiten generar nuevos medicamentos, que podrían llegar a salvar millones de vidas. De esto lo único que podemos deducir es que el problema no es del “Big Data” sino de lo que quienes,  carentes de cualquier escrúpulo, puedan llegar a hacer con él.

MI NÚMERO DE MÓVIL COMO DOMICILIO VIRTUAL

De entrada “domicilio” y “virtual” parecen dos conceptos incompatibles si lo vemos desde el punto de vista de la RAE, es decir:

  1. a) como morada fija y permanente, o
  2. b) como lugar en que legalmente se considera establecido alguien para el cumplimiento de sus obligaciones y el ejercicio de sus derechos.

En el primero de los casos nuestro yo físico necesita un espacio físico,  y en el segundo, desde luego lo virtual no es un lugar, será una magnitud, quizá un espacio (algún día estaría bien pensar en eso), pero no un lugar físico, “Que tiene existencia aparente y no real” dice también el diccionario para definir “virtual”.

Si lo vemos desde el punto de vista del Código Civil, domicilio es un  lugar y concretamente el del ejercicio de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones civiles.

Según Castán Tobeñas, domicilio proviene de “domun colere” y tiene como elementos el de residencia efectiva y habitual y el de asiento o centro de intereses. Eso no es nuevo porque Diocleciano ya decía “ubi quis larem rerumque ac fortunarum suarum summam constituit” -donde se ha hecho hogar y fortuna- (traduzco por si hay alguien que no habla en latín todos los días (!))

Sin embargo, si lo vemos desde el punto de vista de la Ley de Enjuiciamiento Civil, a la que se remite también el Código Civil en su artículo 40, aunque no se define lo que es el domicilio, un recorrido a través de la norma nos deja claro que se trata de un concepto utilitarista destinado a saber donde puede localizarse a las partes o a otras personas que intervienen en el proceso tales como testigos, peritos, etc.

Por tanto vemos que la expresión “domicilio virtual” no puede referirse a un domicilio electrónico,  sino más bien a uno físico al que pueda dársele una cierta equivalencia, lo que lo alejaría de las pretensiones del post.

Por eso a estos efectos hablaremos mejor de domicilio digital o electrónico para ajustarnos más al nuevo ámbito electrónico donde desarrollamos nuestra dimensión digital y compartimos ámbitos cada vez más vitales.