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Los viajes a caballo propiciaron culturas locales. El desarrollo del ferrocarril generó culturas nacionales que pasaron a articularse de forma más consistente. Hoy, la tecnología digital ha propiciado que vivamos una realidad global pero todavía no hemos dado el salto de plantearnos una cultura sin fronteras.
Por otra parte, no deja de ser una constante histórica que en la mayoría de las situaciones en que se han dado crisis económicas o sociales los Estados, basados en el territorio, levantan muros legislativos, financieros, etc., restringiendo el acceso a su tecnología y a cualquier tercero que pueda representar una amenaza potencial.
Esta opción conocida como tecno nacionalista, se ajusta a una época como la actual en la que vivimos inmersos en una sociedad menos basada en la producción fabril que en la gestión de la información, la obtención del conocimiento y su aplicación a finalidades no solamente económicas, sino también a gestionar relaciones de poder.

Sin embargo frente a los clásicos problemas propios de intentar monopolizar avances tecnológicos dentro de las fronteras de los Estados, hoy resulta esencial controlar no solamente la tecnología, sino la obtención de materias primas esenciales para producir los dispositivos necesarios para implementarla o encontrar sistemas capaces de custodiar la información contenida en grandes centros de datos.
Además, a diferencia de épocas anteriores, la presente se caracteriza porque si bien los Estados todavía mantienen elevadas cotas de poder, este se encuentra cada vez más compartido y mediatizado por las grandes empresas tecnológicas que ya han obtenido posiciones clave para lograr un cierto control en la toma de decisiones que puedan amenazarles.
Es cada vez más utilizado el término GAFAM (acrónimo de las multinacionales Google, Apple, Facebook y Amazon) cuya supremacía tecnológica es cada vez más sistémica y puede condicionar la soberanía territorial de muchos países.

El hecho de que las mayoría de estas empresas radique en suelo de los Estados Unidos plantea no poco recelos e inconvenientes a países cuyas empresas han contratado los servicios de estas tecnológicas, hasta el punto de que en muchos casos estas quedan en situación de dependencia estratégica.
Además esto supone un desafío a bloques geopolíticos diferentes (Rusia, China, Europa, etc.)
Es en ese contexto en el que Europa ha adquirido consciencia de la importancia de no depender en materia digital de centros de datos controlados exclusivamente por estas multinacionales. Para ello y a iniciativa de países como Francia y Alemania, se ha puesto en marcha una propuesta de infraestructura de datos para Europa que permita mantener altas cotas de soberanía digital y promoción de la innovación. Este proyecto denominado Gaia-X se encuentra coordinado con la Comisión Europea y consiste en desarrollar una infraestructura de datos abiertos basada en los valores europeos que permita compartir datos de forma segura y respetuosos con las normas europeas de protección de datos.